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Vendido   
Por Rob. Whiteglove   

faustus200@hotmail.com

 

Aquel tío me dijo que quería el coche para el domingo. Yo le dije que vale. Era mi día libre pero le dije que vale. Necesitaba consumar esa venta. Quedamos en mi casa. Yo tenía preparada toda la documentación. Él ya había realizado el pago. Serían como mucho cinco minutos, diez a lo sumo. Y todos contentos. Quedamos en mi casa. El tío se personó con su mujer, una auténtica belleza. Les invité a pasar al salón, les invité también a una bebida y la rechazaron. De todas maneras saqué una cocaloca para mi y dos más que dejé calentarse sobre la mesa. Nos sentamos y procedí a abrir un par de páginas del manual del vehículo al azar, y a leer algunas de sus características técnicas en voz alta. Era lo mismo que le había contado para venderle el coche, pero así, con el libro y su mujer delante era como terminaba de resultar creíble. Todo estaba en orden, atado y bien atado. Sobre ruedas. De repente algo me sobresaltó. Alguien bajaba por la escalera corriendo. Eran pasos cortos, débiles y juguetones. Era mi casa y esto era más que extraño. Vivo solo. Me quede congelado con el manual en las manos. Yo miraba fijamente a la puerta del salón y mis clientes me miraban a mí. Todos estábamos atentos. La puerta del salón se abrió tímidamente y una forma antropomorfa de poco más de un metro penetró en el salón. Era una niña oriental. Estaba desnuda, y también me miró extrañada. Se acercó a la mujer de mi cliente sin dejar de vigilarme, se abrazó a su cuerpo y le dijo: Mamá ¿Quién es?. Aquello me sorprendió de cojones. No había visto entrar a nadie más en mi casa y la niña bajaba desnuda, como si acabara de levantarse. Miré de arriba abajo a la mujer de mi cliente y me sobresalté, No sé porque. Sin duda era su madre. Eran clavaditas. Me levante nervioso, caminé hasta el aparador mesándome los cabellos, intentando comprender. Cogí un portarretratos que había encima. ¡Joder! Era ella. Era la misma  mujer, sonriendo, en una foto tomada quizá cuatro o cinco años antes. ¿Cómo no me había dado cuenta de esa foto? Sin acercarme dije: ¡Joder!. Y repetí: -¡Joder! No sé que decir. La atmósfera estaba un poco cargada, pero yo era sin duda el más violentado. -No tienes que decir nada- me dijeron al unísono. ¿Qué había pasado?. Intenté recordar, pero no podía retornar mas atrás en el tiempo que cinco minutos, como si nada nunca hubiera sucedido antes. Me quedé en blanco, inmóvil. Mi cliente se levantó, y lentamente, con mucho cuidado, como si yo fuera un castillo de naipes me posó la mano en el hombro.    -¿Se encuentra bien?- Preguntó. -Sí- contesté. Él añadió -Me dijo que tenía prisa, que necesitaba el coche el domingo urgentemente, que tenía que irse de viaje-. Intente recordar recordar, y  a mi cabeza comenzaron a llegar imágenes sueltas, imágenes de un pasado feliz, algunos rostros que era la primera vez que veía, lugares, frases, fotogramas de películas e incluso algunas jugadas sueltas de football. Seguí sin comprender. Estaba en blanco. Yo era el único que se mostraba así. Ellos estaban desconcertados pero tranquilos, sabedores de eso que yo no sabía. Me sentí amenazado. Recogí la documentación del coche, las llaves y abandoné la casa precipitadamente, inventando mil excusas. Ellos no me lo impidieron. En la calle traté de reponerme. Estaba muy confundido. Seguía sin poder entender nada. Recordé lo del coche. Miré absurdo las llaves que tenía en la mano. En frente de la casa había un coche nuevo. Intenté abrirlo. No servían. Intenté abrir todos los coches de la calle. Tampoco.