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Sueños del Capitán Ahab II
      por, Elías Fernando Gómez García

 funes@interlap.com.ar

Cómo acostarse con la mujer de su mejor amigo / Técnica del cuento de terror / ¿Qué es erotismo en Literatura? / El enemigo en casa

 

 

CÓMO ACOSTARSE CON LA MUJER DE SU MEJOR AMIGO

 Diversos corresponsales me han escrito preguntándome sobre el modo de acostarse con la esposa o hija de su mejor amigo, por lo que, en la medida de mi experiencia al respecto -limitada a dos o tres mujeres, debo advertir- doy a continuación unas nociones -forzosamente breves y resumidas- en cuanto a savoir faire en los aspectos más importantes del problema. 

 En primer lugar, le preguntará usted qué lado de la cama prefiere, y se lo cederá EXPRESAMENTE, aunque sea el que usted acostumbra a usar. Si ella se cepilla el pelo, o se aplica algún tipo de crema, etc., usted ojeará algún libro o revista, asegurando que es su costumbre, y sin dar la menor muestra  de impaciencia.
No se le ocurra fumar en la cama si ella no lo hace, ni pedirle permiso para hacerlo, porque es posible que ella se lo conceda por urbanidad o timidez, aunque le moleste. Cuando ella se desnude, absténgase de todo comentario del tipo "vestida pareces más delgada", "nunca hubiera imaginado que tuvieras esa verruga ahí", "el pelo parecía tuyo", "no me dijiste que estabas operada",etcétera. Puede usted, sí, hacer alguna glosa galante o amable sobre sus formas, siempre dentro de los más estrictos límites del buen gusto.
Si ella le hiciere cualquier comentario sobre un tema de actualidad, o le relatare alguna experiencia personal, deberá usted mostrar el mayor interés, apoyando su relato con algún breve comentario de vez en cuando.
Una vez acostados, si ella lee o fuma, usted también puede hacerlo, pero DE NINGUNA MANERA mantener encendida la luz para leer usted, si ella la ha apagado, ya que puede ser señal de que ella necesita oscuridad para dormir (como le sucede a gran cantidad de mujeres). La cama ha de tener la ropa que ella estime necesaria, incluso si para usted resulta demasiada, o demasiado poca, conforme a su costumbre o a la temperatura reinante en la alcoba. En caso de que ella ronque, evitará usted a la mañana siguiente cualquier alusión, directa o indirecta, a dicha circunstancia.
Puede darse el caso de que usted necesite levantarse durante la noche para ir al lavabo: ES MEJOR QUE EVITE HACERLO por no despertarla, pero, si no le es posible evitarlo, lo hará en el mayor silencio posible; si ella por su parte lo hace, usted, caso de advertirlo, fingirá seguir durmiendo, sin darse por enterado.
Si la proximidad obligada por la situación le pone a usted en estado belicoso, ha de levantarse (silenciosamente) y, abriendo el congelador de la nevera, introducir allí la fuente de sus problemas para conciliar el sueño, durante el tiempo suficiente -que es distinto para cada persona, en función de diversas variables, entre otras la edad y aspecto de la mujer o hija de su mejor amigo-. EN NINGÚN CASO abandonará usted el lecho, ya que este abandono podría ser tomado a desprecio, enojo o disgusto.
Por la mañana, preparará usted el desayuno, a no ser que observe, intuya (o sepa) que a ella le produce placer hacerlo, en cuyo caso NO DEBE INSISTIR en hacerlo usted.
Si lo hace, deberá informarse con anterioridad -por ejemplo, por medio de su mejor amigo- de qué clase de desayuno prefiere ella: si toma zumo o no, si le gusta el café más o menos cargado, con o sin leche y azúcar, tipo o marca de mermelada que (en su caso) le complace por lo general, si le gusta el pan, las pastas o los pasteles, así como si prefiere desayunar en la cama, en el salón o en la terraza -caso de que la casa disponga de una-. Preparado el desayuno, se lo llevará usted al lugar elegido. Todo lo necesario (incluyendo la nevera) lo habrá usted adquirido o preparado la tarde anterior, antes de que ella llegue.
Ah, y por supuesto, no se le ocurra tocarle un pelo; incluso si ella lo desea y lo solicita, usted formulará un pretexto cualquiera: cansancio, migraña, impotencia temporal, incluso una enfermedad venérea, si fuera necesario.

 Recuerde que es la mujer o la hija de su mejor amigo.

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PROLOGUILLO

Lo que diré en este microensayo ya se habrá dicho muchas veces; o no, lo ignoro; según mi ya conocida frase, me da igual.

TÉCNICA DEL CUENTO DE TERROR

Si no me equivoco, la técnica usada (o mayoritariamente usada) por los autores del relato de terror es comenzar contando horrores verdaderos, que la vida no suele escatimar; algo en el interior del lector dice: sí, ésto es verdad; y entonces, poco a poco, se va introduciendo por el autor el horror fantástico, ya sea gótico, mitológico o extraterrestre; y ya no importa que lo sea (que sea fantástico), porque la incredulidad del lector quedó suspendida por lo que anteriormente se había dicho. La maestría del autor se mide por la habilidad e imperceptibilidad -en lo posible- en el paso de un horror a otro. Es una técnica muy utilizada en los relatos de Stepehen King, Ray Bradbury o H. P. Lovecraft; se comienza relatando, con algún detalle, horrores cotidianos (1): parejas que se odian secreta o manifiestamente, viejos malvados, vidas arruinadas, casas o existencias demolidas, gentes hundidas en la demencia, el alcoholismo o la sordidez, culpas imposibles de reparar; todo ésto forma parte de la realidad, y el lector no puede por menos de reconocerlo; entonces ya está preparado para que se le hable de vampiros, payasos demoníacos, extraterrestres idiotas y violentos (2), encarnaciones variadas del mal. Si existen unos horrores -y sabemos que existen- ¿por qué no los otros? El escritor lleva de la mano, muy suavemente, al lector a delizarse de un horror al otro. ¿Es más increíble, por monstruoso, un vampiro (o un pueblo habitado por vampiros) que un alcohólico que golpea a su hijo en la cuna, o que dos personas que duermen juntas deseándose la muerte, o que un anciano a quien toda una prolongada vida no ha servido más que para juntar maldad, o que un coma accidental del que la víctima despierta después de haber perdido años irrecuperables y a la mujer de su vida (3), o que un colegio donde -diariamente- se espera a un determinado alumno para darle una paliza, ya por rutina, ni siquiera por deseo de hacerle daño? Otros autores -me vienen a la memoria, es fácil, Poe o Bram Stoker- entran (creo recordar) en materia sin preámbulos; de ahí que -a mi ver- sus relatos, siendo magistrales, sean menos eficaces COMO RELATOS DE TERROR que los de Stephen King o H. P. Lovecraft: no se ha preparado en el lector la necesaria suspensión de la incredulidad. Habrá quien se escandalice de que yo junte en un microensayo, aunque sea para comentar aspectos técnicos de un "subgénero" (4), y de modo muy general, a S. King con Bram Stoker o Poe. No sé si decir que me da igual.

(1) El alcohólico que rompe el brazo de su hijo pequeño en "Shining"; la sordidez cotidiana de un pueblo norteamericano en "Salem's lot", la perdurabilidad e invencibilidad del mal y la pérdida irreparable de la infancia en "It"...

(2) "Tommyknockers"

(3) "The dead zone"

(4) No existen subgéneros, como es sabido; sólo buena o mala literatura. "Madame Bovary", ¿es una novela "de amor"? "Moby Dick", ¿es una novela "de aventuras"?

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¿Qué es erotismo en Literatura?

¿Qué es erotismo?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. Probablemente todo esté dicho al respecto, pero, como dijo Borges, siempre contamos las mismas cosas; varía la manera de contarlas. Yo añado -o parafraseo- que siempre pensamos y escribimos las mismas cosas; varían el modo, la época, la intensidad, el estilo (o su ausencia). También como Borges (en "Sobre los clásicos"), creo que, a cierta edad, importan menos las coincidencias con autores ilustres, reconocidos o meramente editados que lo que uno cree verdadero; no tengo tiempo y, sobre todo, no tengo ganas de buscar opiniones o acreditadas y confrontarlas con las mías, hablando por boca de ganso o según magister dixit. Me limitaré, como el maestro, a declarar lo que sobre este punto he pensado. Erotismo, en literatura (creo), es la insinuación, mucho mejor cuanto más leve, de la posibilidad del placer sexual -que no necesariamente del coito-; por tanto, cuanto mayor sea la insinuación y más velada, más erótico es el texto; el incremento de la dosis de lo explícito produce pornografía y, con un poco de mala suerte, vulgaridad, cuando no aburrimiento; por éso los textos de Sade o Henry Miller NO son eróticos, independientemente de su valor literario, tampoco muy subido. No hablemos de las novelas "eróticas" en serie, en las que se llama al pan, pan y al vino, vino... Mario Vargas Llosa dejó escrito (1), creo que irrefutablemente, que la escena más erótica de Madame Bovary es el recorrido del fiacre en el que viaja Emma con Léon por las calles de Rouen (o de París, no recuerdo), en el que no se nos cuenta nada de lo que sucede dentro del carruaje, por lo que cada cual puede imaginarse lo que quiera. Éso puede ser el erotismo en literatura: proporcionar al lector un apoyo, cuanto más pequeño mejor, para provocar el afloramiento de sus propias fantasías. Cada lector se hará una idea diferente de la secuencia en el interior del fiacre, y así debe ser. Otra cosa, corre el albur de devenir en un Kama-Sutra menor, un manual de fisiología, una exploración ginecológica. Cosas todas ellas que tienen su lugar en el Universo; un lugar, empero, que no es el de la literatura erótica. Aburre un poco, y no sólo al lector, decir otra vez que una mujer en ropa interior o a medio vestir es más excitante que una mujer desnuda - en principio-. De lo que infiero, porque me da la gana y este ensayo es mío, que hay un importantísimo factor cultural en el erotismo. Y todo lo que no es cultura es naturaleza, invirtiendo el dicho tan conocido; también aburre un poco decir que lo que resulta erótico para un "cristiano" (por entendernos) no es lo mismo que lo que resulta erótico para un musulmán o un japonés. Los pies femeninos (no menospreciados, tampoco, en nuestra cultura) son, si no recuerdo mal, fuertemente excitantes para un oriental; para un musulmán puede serlo la boca de la mujer, más que otras partes del cuerpo; de ahí el velo que la cubre, incluso en los países musulmanes más benévolos. Para un esquimal o un hombre de las tribus del Amazonas... quién sabe. Aun dentro de cada cultura, considerar las diferencias individuales nos llevaría demasiado lejos, y haría este ensayo -o lo que sea- demasiado prolijo. Hay otro riesgo (que no un supuesto peligro moral) en la literatura erótica: que no se puede suscitar respuestas imaginativas en quien carece de imaginación, y hay lectores que dentro del fiacre no se imaginarán absolutamente nada, o muy poco más allá de un entrar y salir. Para ellos, existen Penthouse, Lui y otras publicaciones parecidas; objetos periódicos que también tienen, por supuesto, su lugar en este innumerable, riquísimo, horrible y hermoso Universo cuyo origen -y sobre todo, cuya finalidad- desconocemos. POST SCRIPTUM. Y ¿qué resulta erótico para una mujer, en literatura y, ya que estamos, en la vida, de la que la literatura es subespecie, aparte de lo obvio? Lo ignoro. Algo he leído, claro, al respecto, y algo me han contado. Pero como es natural, no conozco el tema tan bien como desde el punto de vista del individuo ibérico medio, género al que pertenezco. Y no creo que alguna de ellas se anime a declararlo; y aunque así fuere, por lo que sé (por lo poco que sé), las diferencias individuales en ellas son aún mayores que en nosotros, y me arriesgaría a decir que lo que afirme una mujer al respecto puede servir para muy pocas, y para otras muchas no. Por éso el mundo, a Dios gracias, puede resultar a veces, por su variedad, bastante menos tedioso de lo que a primera vista parece.

(1) "La orgía perpetua"

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El enemigo en casa

No es fácil para un hombre hablar de estos temas; hombres feministas no hay, suele decirse, y probablemente es verdad. Todos queremos tener un harén y cincuenta o cien esclavas sumisas, sólo que algunos lo sabemos y otros no lo saben aún. Pero hay algunas cosas claras, objetivamente (a mi entender): a) Ningún ser humano tiene derecho de violencia o lesión sobre otro. b) La legislación actual es insuficiente para reprimir el maltrato a las mujeres. c) La poca que hay no se aplica con rigor. d) Hay una pesada carga en el inconsciente colectivo que, siquiera subliminalmente, hace que las mujeres, incluso las más cultas y conscientes, consideren el maltrato por parte de su pareja algo normal, al menos dentro de ciertos límites. e) En muchos, MUCHOS casos, la mujer (y no sólo española) no considera el maltrato, incluso a ella misma, como otra cosa sino como una señal de virilidad -mientras que constituye lo contrario-. f) Todo poder que se obtiene o perpetúa con violencia es ilegítimo. g) Al igual que en el caso de los menores de quienes se abusa sexualmente, la víctima, paradójicamente, desarrolla (ella) un sentimiento de vergüenza y culpa que, en verdad, corresponde al agresor. Y el agresor es el hombre; pero ¿no es culpable un cierto número (repito: un cierto número) de mujeres que no denuncian, que callan, que retiran la denuncia "porque es el padre de mis hijos", que disfrutan incluso -alguien tendrá que decirlo- con el maltrato físico y moral? ¿No hay jueces (jueces mujeres) que conceden a violadores que van a reincidir con toda seguridad libertad condicional por buena conducta -en la cárcel no violaron a ninguna mujer- por un mal entendido prurito de objetividad legalista? ¿No hay (mujeres) profesionales del derecho que no tienen empacho en defender a estos violadores, a maltratadores empedernidos, a asesinos de su pareja?

 Mientras en esta cuestión las mujeres no sean una piña, un frente sin ausencias, sin silencios y sin fisuras, la ventaja la llevamos nosotros; y no existen hombres feministas, ni el ser humano es bueno por naturaleza. Son la Ley y la rebelión de la víctima las únicas cosas que pueden coartarlo.

El peor enemigo de las mujeres son ellas mismas, en ese número -si mayor o menor, no lo sé- que aún piensa, o siente, que es natural, aceptable, masculino que su pareja las maltrate de vez en cuando.

No pretendo sentar cátedra, pero, aunque no llegue a sabio, sí voy ya para viejo, y he pensado y visto y sentido mucho.

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