logotipo

img_google
Sueños del Capitán Ahab. Compendio de poesía    
por, Elías Fernando Gómez García    

funes@interlap.com.ar

Vocación / Jazz / Gloria / Un grabado de Durero / A uno que pide para beber / A un crítico parco / Fetiches / Odalisca / A mi mujer / A un amigo muerto/ En la cafetería / Gran hermano / Noches en que estás sola / Celos / Y no es culpa de nadie / A una gata / Ars magna et ultima / ORACIÓN GNÓSTICA / Oscureció Tristeza mis estancias... / Tête de mort / Le regret de Charles Bovary / Always too late / Vergüenza de ser hombre / Hoy no hay poema que valga / Aleister Crowley / Gilles de Rais / Vlad Tepes / Erszebèt Bathory / Sabbath / ¡Pobre fama!

    

Vocación

Laura entró en el comedor; era muy alta, pelirroja; caminaba consciente de su cuerpo y de un modo grácil, que a Juan le constaba -y le admiraba- no era aprendido, sino natural; apoyó en la mesa las manos, de uñas sin pintar a petición de Juan, y sacudió la cabeza hacia atrás, para despejar el rostro de la melena suelta, cuyo poder conocía, habiendo hecho amplio uso de él, al menos antes de enredarse con Juan.

-¿Estás escribiendo?- dijo.

-No se te escapa nada-contestó él, cerrando la estilográfica con todo cuidado y depositándola sobre la mesa. Abrió un paquete de cigarrillos nuevo y le ofreció uno a ella, que lo rechazó. Él encendió el suyo, aspiró, pero no tragó el humo: fumar provoca cáncer.

-¿Qué escribes?- Laura se irguió y puso sus pequeñas manos sobre las caderas. Aquellas manos eran lo que más gustaba a Juan del cuerpo de ella, si es que había algo que le gustara más. Pequeñas, blancas, increíblemente frágiles. Se preguntó -y no por primera vez- por qué las suyas eran tan diferentes.

-Un relato...

-¿Un relato?

-Un cuento.

-Ah. ¿Por qué siempre buscas palabras raras? Un escritor no tiene por qué hablar raro. Nunca has entendido éso, ¿eh?

Juan vio, con alarma, aproximarse una de aquellas tan conocidas discusiones, con principio inexistente y que podían acabar con Laura durmiendo en el salón durante una semana.

-Aunque puede escribir raro. ¿Quieres una copa?

-Bueno.

-¿Whisky?

-Coñac.

Ella lenó dos copas talladas, de una botella tallada también; él observó con preocupación la generosa dosis que ella se servía. ¿Volverían a las andadas?

Llovía desde hacía rato, y Laura no había dejado de dar vueltas por la casa en toda la tarde, ordenando CD, abriendo y cerrando enseguida libros; contra su costumbre de dormir largas siestas, apenas había estado una hora en la cama, cosa que Juan no agradecía, pues si bien no había conocido mujer comparable a Elena como amante, ni dentro de la familia ni fuera, quería escribir de una puñetera vez una novela, y para sus cuentas -tal vez demasiado ajustadas- se le estaba haciendo tarde; tenía treinta y siete años, y era de estos hombres que creen que a los cuarenta se acaba todo.

Sonó el teléfono; un zumbido sordo, de ésos que se supone destinados a evitar el desgaste nevioso.

-Yo voy- dijo Juan a Laura, que se había sentado en un sillón y se mordía la uña del dedo medio de la mano izquierda, mirando un pequeño grabado en la pared.

-Sí- dijo Juan al teléfono; voz firme, terminante; al contrario que el caminar de Laura, no natural, sino ensayada para desanimar a los bromistas, idiotas, hijos de puta y practicantes de llamadas obscenas; entonces empezó a sentarse, muy lentamente, en el sillón frontero a la ventana, sobre la que golpeaba la lluvia empujada por el viento. Dijo: "sí, sí...de acuerdo", y colgó.

Estaba amarillo.

-Era Pérez.

-¿Pérez?

-No te hagas la imbécil, por favor. El policía.

-Y ¿qué quería?

-Dice que si podemos ir a hablar con él, o venir él a casa.

-Que venga él- con un sonido característico, ella se rascó un muslo cubierto por la media negra, un poco por encima de la rodilla. En otras circunstancias, a Juan aquel sonido le encantaba. Y en otras, aun le llevaba directamente a la cama, siempre y cuando Laura no estuviera en uno de aquellos momentos imposibles.

-Éso no tiene la menor importancia, como comprenderás.

-¿Qué pasa?

-Han desenterrado el cadáver.

-¿Qué? ¿Por qué, por el amor de Dios?- Laura se puso en pie; había olvidado su decisión de impedir a Juan escribir, o hacer cualquier otra cosa que le gustara o le apeteciera.

-No sé qué de las pruebas que le tomaron... Dicen que las sustancias, o el estado de las sustancias, no corresponden a un cadáver, a un cuerpo muerto.

-¿Quién dice esa gilipollez?

-No importa quién lo dice, lo que importa es que Pérez se lo crea o no, y se lo cree- Juan apuró la copa de coñac y se sirvió otra.

Hubo un largo silencio; Laura estaba perfectamente inmóvil; Juan fumaba. Fumaba, tragando el humo con avidez.

-Fue todo perfecto -dijo él, al fin-...: el accidente, el enterramiento, la coartada. Las dos. Los dos en el quinto coño. Teóricamente.

-Bueno, parece que no todo, ¿no?- dijo Laura. Luego cerró los ojos, metió la cabeza entre las piernas y empezó a sollozar. Juan se levantó y le acarició la cabeza.

-Seguro que estaba muerta, Laura; seguro. Esa gente de los laboratorios siempre está metiendo la pata. Y ella se merecía la muerte.

-La muerte, sí; no sé; puede; pero éso...

Juan encendió la televisión, luego la apagó. Una madre reprochaba a su hija, que llevaba tres pendientes en la nariz, que no arreglara su cuarto.

...............................

Pasaron varias horas; anocheció y dejó de llover. Juan se había acostado, llevándose otra copa al dormitorio y sin dejar de fumar, ojeando un libro sobre Art Nouveau; por la ventana entraba un olor a tierra mojada. En un piso cercano sonaba Mozart, en otro ladraba un perro, sin parar. Laura estuvo dos horas -no, un poco más- en la ducha, y luego entró desnuda y sin secarse en el dormitorio.

-¿Qué haces?-dijo Juan.

-Nadie se merece éso- dijo Laura-. Nadie.

-No van a imputarnos nada. Nos llaman en calidad de deudos, hermana. Lo hicimos todo muy bien. Tranquilízate, por favor.

-Muy bien, ¿eh? Y no van a "imputarnos" nada. 

................................

Por la mañana llegó Pérez; estaba enfurruñado, debido a que no tenía costumbre de citar a alguien y ser él quien tuviera que ir a casa de ese alguien.

Pero ya no importaba demasiado; hacía mucho que Laura se había desangrado, después de romperse el cráneo debido a su caída del segundo piso. Ahora había otro trabajo, pensó Pérez, y la dudosa muerte podía esperar. De todos modos, los del laboratorio eran unos asnos, cómodamente sentados con sus papelines, sus frascos y sus probetas, mientras él pateaba las calles y se las había con gente como aquélla y pasaba sin dormir. Y no sabía si le doblaban o le triplicaban el sueldo, ni quería saberlo.

Juan, compungido (realmente compungido), ayudó a Pérez en cuanto pudo, acordaron una cita en el despacho de Pérez, para hablar con la debida calma; habló del agazapado alcoholismo de Laura, siempre presto a saltar, de su comportamiento extraño, de su melancolía desde la muerte de Marta, mientras una parte de su cabeza pensaba: qué buen relato podría salir de ésto. Declaró (lo que era verdad) que no había oído el golpe de Laura contra el suelo. Su hermana había ido a acostarse temprano; era lo único que sabía, salvo que la tarde anterior había estado algo más deprimida. Usted sabe que ella quería mucho a mi mujer. Pérez acabó por marcharse, todo cortesía, aunque aún enfurruñado.

Mientras desayunaba, Juan estuvo pensando.

Marta no había muerto estrangulada por un desconocido, sino ahogada en tierra sucia; éso, ahora, era apenas dudoso, y no había sido intención de nadie. Algo de verdad desagradable, de esas cosas que pasan.

Pero era un pormenor. Un pormenor del relato.

Tal vez de la novela que iba a escribir por fin.

Ahora que estaba solo.

Inicio

Jazz

Cada uno se jacta de lo que puede: leer, escribir, arreglar aparatos de radio, engañar al prójimo, robar, pintar, cambiar ruedas de coche; tengo un amigo que se jacta de capar animales como nadie. El porqué queremos o necesitamos jactarnos de algo, en algún lugar lo leí, pero ya no me acuerdo y ya no me importa; datos, nombres, fechas, ediciones...vanitas vanitatum, programas "culturales" de la televisión, otra jactancia (tonta). Para visitar a un compañero, estuvo en la covacha un señor, o una suerte de señor, y me eligió como oyente (suele pasarme, y es una bendición para un escritor o asimilado). Este hombre se jactaba (era su jactancia) de haber recorrido los burdeles de los cuatro o cinco continentes; tenía cara de aburrimiento, de condón usado, de tristeza. Para sorpresa de uno, que ya no se sorprende con poco, abrió una carterita y empezó a sacar tarjetas de prostíbulos; eran de todos los tamaños, colores y diseños imaginables; algunas estaban impresas en chino o japonés o alguna otra lengua oriental. -Pero si quieres follar bien, bien...-y sacaba otra tarjeta, thailandesa, o china, o vietnamita, o francesa. 

Debió de verme poco impresionado; añadió: 

-Y además, no hay que pagarles. Les das dos hostias, les quitas la medalla y el reloj... 

Aquí debió de verme una expresión de desagrado. Su alarde fallaba; (este tipo, debió de pensar, por mí, es maricón, o está loco, o se hace el interesante, o ha estado (!) en más sitios que yo). Nos despedimos con toda cortesía; no lo he vuelto a ver. 

Pero me preocupa un poco que aquel elemento me eligiera para semejantes confidencias. 

Aunque, como ya he dicho, suele sucederme. 

Es una de mis jactancias.

Inicio

Gloria

Hubo en casa de mis padres una muchacha -bueno, una mujer casada, con dos o tres hijas- nacida en un pueblo llamado Villar del Saz de Arcas; ayudaba a mi madre, que tenía ocho hijos y trabajaba, y mi madre le daba lo que le podía dar. Nos quería con toda su alma. Cuando me fui de casa, porque el destino es un camello ciego, esta mujer lloró; me escribía cartas, y una vez una tarjeta postal con un poema -el poema peor escrito y más cariñoso y bello que he leído-.

Después murió, y yo nunca había contestado a sus cartas; estoy seguro de que si existe la gloria, Gloria está allí, y en habitación de lujo, pero éso no me consuela ni me resta vergüenza.

No creo haber sido muy querido -tal vez me equivoque-, y Gloria fue de las dos o tres personas que más me han querido en este perro mundo.

En cambio, escribo a mujeres que no me contestan, o tardan semanas en contestarme, y cuando lo hacen parece que me estuvieran entregando su virginidad o las joyas de la Corona de Inglaterra o la fórmula del medicamento para curar el cáncer. Ojalá el mundo no fuera tan raro, o yo no fuera tan perro o tan idiota.

Inicio

Un grabado de Durero

Ladran los perros, sigue la montura

inquieta pero firme su camino,

y le lleva derecha a su destino,

donde acaso termine la aventura.

"Abandona", el diablo le musita;

sobre los hombros pesa la armadura

y le observa la muerte con impura

avidezde desbaratar la cita.

Ladran los perros; fingen espantosas

amenazas los árboles cercanos

mientras cae la noche inapelable;

el caballero avanza imperturbable,

porque lo mueven fuerzas poderosas:

quiere tocar el cielo con las manos.

Inicio

A uno que pide para beber

No me tomes, amigo, por capullo;

si te vas a gastar en un vinillo

lo que me pides para un bocadillo,

éso no es mi problema, sino tuyo.

¿Tengo cara de juez o sacerdote?

Si puedo, te daré siempre una ayuda,

y lo que hagas con ella me la suda;

por favor, no me tomes por cipote.

Yo he bebido también porque tenía

motivos, y también seguramente

los tendras tú; no sé; no es cosa mía.

Te doy porque me pides, simplemente,

y espero que tú a mí me des un día,

si en tu lugar me veo casualmente.

Inicio

A un crítico parco

Si tú me imputas de cursilería,

sin decir más, no me sirve de nada;

más que crítica atenta y meditada,

es insulto, rebuzno y tontería.

Hay lectores con más sabiduría:

"Aquéllo no me gusta (por tal cosa);

tu verso me resulta un poco prosa;

la línea tal yo la retocaría;

tu poema dice lo que yo pensaba;

bueno de fondo, pero la medida...;

creo que deberías pulir con más esmero..." 

Éso es lo que me sirve, y no, Platero,

tu negación frontal y sin salida;

que éso y nada es lo mismo, tontolhaba.

Inicio

Fetiches

Esa barra de labios que guardas agotada

en el fondo revuelto de tu bolso barato;

esas medias oscuras que te pusiste un rato

y al rato te quitaste, dellas incomodada.

Esos zapatos duros que siempre en casa dejas,

el anillo horroroso que llevaste a la boda,

esas gafas oscuras que han pasado de moda,

pendientes que han perdido por siempre sus parejas;

esa pulsera fea cuyo color te espanta,

pero que guardas porque te regaló tu prima,

ese collar naranja que tienes siempre encima

de la mesilla y nunca rodea tu garganta.

Esa atroz camiseta que dice "no tocar"

y que una tarde sola -y qué incómodamente-

ciñó tus senos altos de remate imprudente

y que cualquier mañana sé que vas a tirar.

La falda que unos meses el monte delicioso

cubrió y conserva un algo de tu aroma secreto,

el perfume que ha tanto encuentras obsoleto,

el vestido que siempre te pareció espantoso...

Cualquier cosa que tengas, amiga, desechada,

dámela, que alimente mi decepción lasciva,

porque así en cierto modo yo te tendré adjetiva

ya que no sustantiva, Camila despiadada.

Inicio

Odalisca

Bajo el vestido rojo de brocado

dos redondas palomas enfadadas

no se miran, de nácar, rematadas

por dos cerezas de color morado.

Magníficas, las piernas perezosas

invitan al amor violento y plácido,

a quemarse en el fuego dulce y ácido

en que se justifican tantas cosas.

El cabello, negrísimo, dejado

a su albedrío, acaricia las lomas

de los hombros de línea delicada.

Pero no te esclavizan a su lado

sus muslos, su cabello o sus palomas,

sino la languidez de su mirada.

Inicio

A mi mujer

Tú que me has dado toda tu alegría,

Tú que de tantos pozos me has sacado,

Que me hiciste hombre y me has iluminado

Y que me das la fuerza cada día;

tú que has vencido mi melancolía,

Mi soledad, mi pena y mi pasado,

Y en hacerme vivir has derrochado

Toda tu vida, Elena, vida mía,

Me sorprendo cuando de madrugada

Veo que sigues aquí, que no te has ido,

Que te tengo y me sigues soportando,

Y aunque ahora no crea en casi nada

y Dios ya sea un nombre sin sentido,

Por ti yo creo en Dios de vez en cuando.

Inicio

A un amigo muerto

In memoriam G. C.

A las aladas almas de las rosas

del almendro de nata te requiero...

Qué desierto está el mundo, amigo mío,

desde que te cubrió el polvo postrero;

cómo al pensarte el viento, lastimero,

azota mi ventana; cuánto frío.

Qué vacío dejaste, compañero,

en mi vida; qué estruendoso vacío.

¿Con quién hablaré ahora? ¿En quién confío?

¿Por qué tuviste que partir primero?

Cuando visito tu última morada

dejo sobra la losa, dolorido,

una flor y una carga de tristeza;

después me voy, llevando en la cabeza

esta triste pregunta ya gastada:

¿a quién tengo, desde que tú te has ido?

Inicio

En la cafetería

En la cafetería

miro tu marfileña mano mínima

con su delicadísima osatura:

con sus uñas pintadas sin anillos

y la imagino en torno de mi tronco

apretando ese tronco susceptible

que nos hace distintos:

tú charlas y te ríes

y das un sorbo a una bebida nácar

pero me miras

y yo sé que tú sabes lo que pienso:

no sé por qué 

algo me dice que sabes lo que pienso:

lástima de las cosas imposibles...

Inicio

Gran hermano

Olor a pies, caretos de macarra,

inocentes tontuelas lamentables,

galería de capullos inefables

dando noche tras noche la tabarra.

¡Qué bien que terminó la dictadura

y que de algo ha servido tanto esfuerzo!

¡Ya es la tele dominio del mastuerzo,

ya rebosan pantallas de cultura!

Oh dioses poderosos de la Audiencia,

si es vuestra voluntad, así se haga;

somos espectadores resignados.

Merda fiat, pereat intellegentia,

dénos la tele cuanto el mundo caga,

y que el Señor nos coja confesados...

Inicio

Noches en que estás sola

Noches en que estás sola

perfumando los labios de tu sexo

la sábana envidiada

levantando tus muslos de progresiva curva

la sábana envidiada

conociendo el dibujo griego de tus costados

una parte y otra parte del lecho

y ese tu aliento que se desperdicia

sin que nadie lo beba

y tus manos de seda que acarician la almohada

donde quisiera estar mi cuerpo viejo

noches en que estás sola y mis labios tan lejos de tus pies

y a muchos bloques de cemento de distancia

y a muchas autovías y arrabales de distancia

tus senos solitarios

tus párpados cerrados

y tú soñando con otro cualquiera

o con las musarañas o tu infancia

sola en la noche, aromática, cálida,

y yo con tanta sed.

Inicio

Celos

Envidia de no ser la dulce tela

que cubre tu rodilla:

celos del peine que peina tu cabello:

de la piel de ángel que cubre y que sostiene:

envidia de no ser ese pincel que delinea tus labios:

el carmín que los cubre:

envidia de tu crema y tu perfume:

del cinturón que ciñe tu cintura:

del zapato que alcanza tu tobillo:

deseo de ser pulsera y pendiente y anillo:

rabia de esos objetos estúpidos e inertes

que sin saberte te abrazan y te tocan.

Inicio

Y NO ES CULPA DE NADIE

Mi madre está muy lejos y muy sola

y no es culpa de nadie

Mi gente a veces se enfrenta o no se habla

y no es culpa de nadie

El corazón ya no va como antes

y no es culpa de nadie

Dos gusanos asoman por mis ojos

y no es culpa de nadie

El viento me ha matado los jazmines

y no es culpa de nadie

Mi sangre que era roja ahora es negra

y no es culpa de nadie

Tu mirada mi amor ya no ve el mismo hombre y no es culpa de nadie

Y el fuego acabará siendo ceniza

y no es culpa de nadie

Inicio

A UNA GATA

¿Qué mensaje tus ojos azulados

celan, terrible fiera en miniatura,

bola de pelo, anhelo de aventura,

que me sigues maullando a todos lados?

En tu sangre viven antepasados

que habitaron altivos la espesura

de una jungla esmeralda. Fiera, oscura

genealogía de tigres olvidados.

Tú y yo nos parecemos. Justamente

yo también fui león y fui pantera,

y me he quedado en gato solamente.

Ahora ya no recuerdo cómo era.

Vulnerable, doméstico, indolente...

cómo hemos decrecido, compañera.

Inicio

Ars magna et ultima

A Lidia, ángel porteño, vino dulce, espléndida mujer

 

Con compadritos que se matan por nada,

con señoras mayores que se mueren de un susto,

con aldeanos de memoria implacable,

hizo Borges su mundo.

De la mugre y el triste sino humano

sacó zafiros, esmeraldas, rubíes.

No llegaré a su altura. (¿Quién podría?).

Pero no importa, importa esa lección.

Todo verbo es del polvo (incluso el suyo),

pero no lo es el arte de la alquimia.

Inicio

ORACIÓN GNÓSTICA

A Lidia Ferrari, milagro del ciberespacio

En el principio de la cosmogonía de Basílides hay un Dios. Esta divinidad carece majestuosamente de nombre, así como de origen; de ahí su aproximada nominación de pater innatus. Jorge Luis Borges, Una vindicación del falso Basílides

Perdona, oh padre no nacido Abraxas,

a los demiurgos que han creado este mundo,

que han bosquejado irresponsablemente el mundo,

este mundo donde el tiempo no vuelve,

donde la juventud dura tan poco

si es que se llega hasta la juventud,

donde hay discordia entre hombre y mujer

que tú siempre pensaste en armonía,

donde la tierra espera todo cuerpo,

donde halla decepción toda espèranza.

Sereno en el pleroma e inmutable,

perdona a los ángeles malévolos o necios

y ten piedad del hombre al que tú no creaste.

Perdona a los demiurgos inconscientes

el dolor, la tristeza, la locura, el deseo,

el desacuerdo, las enfermedades,

el fracaso y la muerte.

Perdónales la muerte, perdónales haber hecho la vida

y el mundo, perdónales la ruina y el peso de los cuerpos,

perdona su torpeza y su ignorancia,

y ten piedad del hombre, al que tú no creaste.

Perdona a los demiurgos,

perdónales porque no saben lo que hacen

y ten piedad del hombre,

que al fin es hijo tuyo aunque tú no querías

en el profundo fondo de tu ser,

eterno no nacido padre Abraxas.

Inicio

Oscureció Tristeza mis estancias...

Oscureció Tristeza mis estancias,

llenó Hastío los largos corredores,

me hicieron amargado Sinsabores,

mandó Desdén silencios y distancias.

Dolor secó mi tierra; Indiferencia

me privó de mujer y sus fragancias.

Soledad me hizo hacer extravagancias,

remordimientos me trajo Conciencia.

Sinsabores, Desdén, Tristeza, Hastío,

Indiferencia, Dolor y Conciencia

y Soledad me siguen donde vaya.

Seguidores malos donde los haya,

tan habituado estoy a su presencia

que si no están yo no me siento mío.

Inicio

Tête de mort

La calavera

se ríe de tus ansias

de lo que aún esperas de la vida

esa curva de sus dientes desnudos

te dice yo te espero yo te espero te espero

se ríe de tus miedos y de tu memoria

porque al final será todo cal y tierra y olvido.

Pero quedan tus versos

y después el recuerdo de tus versos

en la sangre de quienes te quisieron leer

y pasará a la sangre de sus hijos.

La victoria del tiempo no es tan definitiva.

La calavera se ríe porque no sabe,

porque es sólo una máscara de calcio.

Tú y yo sabemos, y nos burlamos de la calavera.

Inicio

Le regret de Charles Bovary

Todos gozaron ese jardín perfumado, esa joya flexible secreta, y yo, que la tenía en mi casa, comía y roncaba y pensaba en las llagas de los campesinos, y ahora ella ya no es sino un cadáver lleno de arsénico, y yo nada ni nadie.

 

Always too late

Soy mundialmente famoso por llegar tarde a todo: a las mujeres que me hicieron feliz, a la publicación de mis ejercicios, a una cierta tregua conmigo mismo... Espero llegar tarde a la muerte, también.

 

Vergüenza de ser hombre

(Mirando TV...)

 

¿Cómo podéis con ser tan delicado

cometer desafueros tan brutales,

y romper con pezuñas animales

lo más bello de todo lo creado?

¿Cómo podéis a la que duerme al lado

causar tantos dolores, tantos males,

y en luchas vergonzosas desiguales

matar a quien su vida os ha confiado?

Por vosotros ser hombre es despreciable.

Más quiero ser desecho de la guerra,

o ser nada, mejor que ser un hombre.

Ya no quiero llevar más vuestro nombre,

ni parte hacer de horda tan miserable,

hijos de puta, caca de la tierra.

Inicio

Hoy no hay poema que valga

+

Hace unos años, ya muchos, estuve en el País Vasco una o dos semanas. No soy muy viajado, pero no creo haber conocido nunca un lugar tan hermoso.
Conocí poca gente, en dos semanas. Gente buena, servicial, civilizada, amable, dispuesta a ayudar, humana: todos ellos.
Ahora Euskadi es sinónimo de muerte, de ruina, de familias destrozadas, de entierros, de asesinatos por la espalda, de demencia, de llanto, de cobardía, de chavales alucinados y políticos que negocian con una pistola a la espalda -o en la espalda-.
No entiendo nada.
No sé cuántas generaciones habrán de pasar antes de que un vasco no tenga que avergonzarse de decir: "soy vasco", en lugar de sentirse orgulloso, como tendría motivos para estarlo. Sé que serán demasiadas, y todos estaremos bajo tierra, muchos de muerte no natural.
Sé que de debajo de la tierra no se sale.
Sé que hay un pueblo amable, culto, valiente, que habita una tierra privilegiada, que gracias al esfuerzo de unos cuantos se está convirtiendo en la vergüenza del género humano, y no sólo de los españoles, y que comete actos a los que no han alcanzado la Mafia, la Camorra, la Cosa Nostra o el más abyecto y depravado delincuente común.
Creo que el País Vasco no se merece ésto.
Intelectual (si soy un intelectual) no significa inteligente...
Y no entiendo nada.
Sólo veo que hay pudriéndose otro cadáver de un ser humano trabajador, amante de la paz, y con mucho coraje, y otra familia destrozada.
Que la tierra le sea leve, y que Dios se apiade de Euskadi, y dé fuerza a los vascos y vascas que luchan por la razón, por la paz, por la cordura.

Inicio

Aleister Crowley

Invocó los demonios de la tierra
para calmar su sed del absoluto
este curioso asceta disoluto 
("el hombre más malvado de Inglaterra");
dilapidó cuantiosos patrimonios,
arruinó vidas, repartió locura
para anudar su singular, oscura
alianza terrenal con los demonios.
Y su persona misteriosamente
incólume salió del peligroso
trato con esas fuerzas abismales,
y llegó a la vejez tranquilamente,
para hundirse (supongo) venturoso
en las rojas tinieblas infernales.

Inicio

Vlad Tepes

Sangre y polvo,

habitaciones con olor de muerto

y flores muertas,

que no se acaban nunca;

helados infinitos corredores;

prodigiosas murallas de dos metros de ancho

alertas al ataque de los turcos,

que espera el Conde; y vaga por pasillos mohosos,

pasando indiferente ante espejos inútiles

que no reflejan su capa morada,

ni sus uñas vetustas,

ni su mirada muerta,

ni su cólera por no poder morir.

El pacto que hizo con el Gran Embustero

para alcanzar victoria y vida eterna

y enemigos empalados en vida

le retiene clavado

a esas piedras grisáceas.

Todo dolor y odio y pesadumbre,

sin caminar, desplaza su destrozado cuerpo

en el ámbito inmenso del castillo;

híbridos de mujer y de diablo

emiten carcajas estentóreas

desde el fondo de una locura negra sin remedio.

Hace ya tiempo que no hay Imperio Turco,

y Vlad Tepes lo sabe;

pero el Ángel Caído

no renuncia jamás a sus derechos,

y Vlad firmó con sangre,

y cada noche hay una joven menos,

un niño menos

en los pueblos vecinos.

Y no hay cruz con poder sobre la tierra

para librar a Vlad Dracul, eterno

prisionero en las ruinas espantosas

y cansado.

Emitiendo en su tumba, quedamente,

el llanto peculiar de los vampiros.

Inicio

Gilles de Rais

Demostrado guerrero, poseído

más que poseedor, desesperado,

del mal mísero esclavo despiadado,

sirvió a un atroz señor desconocido.

Al alba, ya los niños degollados,

acuchillado de dolor lloraba,

y al señor de los cielos suplicaba

perdón para sus actos depravados.

Monstruo a su pesar, contrita fiera...

Extraña historia la de este soldado,

preso de aquel impulso abominable.

(Cuentan que lo llevaron a la hoguera

y había en su rostro paz; es muy probable:

los demonios lo habían abandonado). 

Inicio

Erszebèt Bathory

El cuerpo no tan joven deseable

se baña en roja vida de doncella,

que en la cámara superior degüella

un esclavo de diligente sable.

Se derrama abundante sangre espesa

por bocas menos bellas que las bocas,

para nutrir las esperanzas locas

de juventud de la infernal condesa.

En vano quieres aplazar tu hora

con sangre de muchachas inocentes:

más atención la muerte te dedica

cada vez que el verdugo sacrifica

a tus sueños de juventud dementes

una niña gentil y reidora. 

Inicio

Sabbath

Atraviesa los poros el ungüento

narcótico de la bruja tendida

y llega al prado en cueros y salida,

sobre fálica escoba en movimiento.

Un numeroso cónclave pagano

se junta,comenzando la apertura

a la parte más honda y más oscura

del pantanoso ser del ser humano.

Lujurias sin amor ni parentesco

se ofrecen a la luna complaciente,

que con esperma y sangre crece y crece.

El Gran Cabrón, al cabo, se aparece,

rey de azufre, y bendice horriblemente

el carnaval diabólico y grotesco.

 

¡Pobre fama!

¡Pobre fama! Le regaló a su mujer un perfume carísimo, y su mujer ya no olía a mujer, sino a perfume, y lo peor es que ella se aficionó y ya sólo quiso ese perfume, y que nunca le faltara, y el fama suspiraba y miraba con odio el frasco y un día lo rompió (era el sexto frasco) y fue peor, porque toda la casa olía a Moi-Même Eau de Toilette, incluso la cocina. Los cronopios se reían a sus espaldas, luego se entristecieron y se pusieron de acuerdo para taparse las narices y volver la cabeza cuando se encontraban con la mujer del fama en el ascensor, y la siguiente vez ella le dijo que no le trajera más aquel perfume, que ya le había aburrido, y ahora el fama saluda a los cronopios cuando se cruza con ellos, cosa que antes nunca hacía.

Volver arriba

Pulsa AQUÍ para ir a Sueños del Capitan Ahab II