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FOTOGRAFÍA DE VALDERROBRES. (TERUEL)
Desde el balcón del Casino. Verano de 1.998
Las Lavanderas columpian sus colas por encima del agua, sobre las piedrecitas, o flotando levemente con las algas acuáticas, que poco a poco, con su crecimiento e invasión, amenazan con axfisiar la corriente.
La sombra de los palomos en vuelo sobre el cauce, confunden y asustan a los barbos. Súbitamente dan un golpe de timón con sus aletas caudales y levantan el lodo del fondo, produciéndose un caos entre sus propios alevines.
Los aviones y golondrinas beben de la superficie. Sobre la marcha. Sus nidos cuelgan junto a los balcones, mirándose todos en el Rio Matarraña. Piel clara. Transparente todavía. Sufrido filtro de explotaciones porcinas y vertidos residuales del hombre. Pendón vivo sin colorario político.
Alguna vez, si te fijas, puedes observar las proezas del Martín Pescador, vestido de azul eléctrico y amarillo chillón. Buceador atrevido y malabarista, que ha convertido su quehacer diario en un milagro de maniobras submarinas.
Durante las noches apacibles y frescas, Pablo el fotógrafo, inmortalizará a la pareja de nutrias, (por el día duermen debajo del Lavadero Viejo), que chapotean en el agua jugando, pescando, haciendo filigranas acuáticas. Iluminadas y semi aturdidas por el foco mágico y potente de Vicent, "el del Casino".
El que mire podrá ver muchas cosas en el Rio Matarraña, desde el balcón mirador del Casino. Ana ha puesto una sombrilla donde se cobijan los clientes para descansar de su faena diaria, bebiendo un vino "mejor", recientemente importado del Somontano.
Diariamente, sus patos comen el pan remojado que se les tira por todos desde el balcón. Son presumidos, esquivos, nadadores expertos. Adornan el " tramo de los Puentes".
En el agua de espejo, se refleja el Palacio que fue. Edificio rival del Ayuntamiento. Se advierte por sus piedras vetustas que se contonean. Hoy es la Fonda de La Plaza. Allí Sebastian te dará de comer y, podrás dormir mientras canta el Ruiseñor constantemente para que la hembra no abandone el nido. Su diminuta garganta conoce totalmente la armonía.
Hubo hace tiempo gallinas gritonas y un gallo altanero, que buscaban gusanos por debajo del balcón del Casino. Una noche la rabosa se los comió, a pesar de las trampas mortales, de hierros retorcidos que instalaba Vicent en las orillas.
Esto fue lo que vieron mis ojos en una mañana de verano festiva. Fue una foto, un simple vistazo. Una ridiculez del estío.
Valderrobres, Octubre de 1.998.
Autor: Fernando de Biase Pérez-Vizcaíno.
Puedes escribirme a mi dirección de E-MAIL:
fdebiase.com@fdebiase.com